Por Vladimir Sedano Mayhua (*)
La comunicación para el desarrollo: los inicios
Para comprender la Comunicación para el Desarrollo, debemos conocer el devenir de modelos y teorías de comunicación, recordar a los teóricos norteamericanos y su contribución a la comunicación y cómo a partir de los estudios de las telecomunicaciones sentaron las bases de un modelo fundado en la transmisión de señales, datos e información.
Sobre este particular, nacen las primeras teorías que consideran a la comunicación como el proceso de transmisión de datos y mensajes de un emisor a un receptor, entonces cobra vida el modelo emisor - mensaje - receptor, que hasta nuestros días sigue siendo utilizado como modelo básico de la comunicación. Sin embargo, en la actualidad, se añade un elemento más: la bidireccionalidad, es decir la respuesta del receptor ante el mensaje inicial, para concretar la comunicación.
No obstante, resalta en este modelo tradicional de la comunicación la supremacía del emisor como el ente pensante, dueño de la verdad, frente a un receptor ignorante, estático, pasivo, no participante, aún cuando pueda reaccionar ante la influencia del mensaje negativa o positivamente.
En este contexto, el emisor buscar impactar en el receptor, busca influir en sus conductas, a partir de mensajes previamente elaborados sobre la base de las demandas del receptor, cosa que no está en cuestionamiento, y hoy en día es usado por la publicidad, pero que no pone en igualdad de condiciones a ambos sujetos de la comunicación.
Este proceder nos indica que el proceso en sí, no marcha del todo bien, no es del todo perfecto, ni la influencia será sostenible por mucho tiempo; además, no es para nada democrático ni equitativo.
Frente a ello, en América Latina, luego de la dura crítica a los teóricos norteamericanos surge como alternativa: la Comunicación para el Desarrollo, como aquella capaz de reconocer la capacidad pensante del receptor, que no será más receptor, sino tomador de decisiones, agente participante en el proceso comunicacional, la misma que será no sólo estrategia, sino fin en sí mismo, revalorando el contexto cultural preexistente, que determina el pensamiento y conductas de los sujetos tomadores de decisiones en la comunicación.
Es aquí donde interviene un tercer elemento que tiene la capacidad de interpretar y reinterpretar los mensajes de cada cual, a fin de promover el entendimiento y diálogo: el comunicador o facilitador.
Teorías críticas de la comunicación
Sobre teorías críticas de comunicación, la mexicana Zoila García, nos recuerda que Mario Kaplún señala la influencia de los medios y cómo se construyó por los teóricos estadounidenses toda una teoría de la comunicación social a partir de éstos. Su funcionamiento se constituyó en paradigma de comunicación, y para poder estudiarlos se construyó un cuerpo teórico centrado exclusivamente en la transmisión de señales y mensajes. Para los teóricos norteamericanos de aquellos años (Claude Shannon, Harold Laswell, Wilbur Scramm) en esto consiste la comunicación, una forma en la que se da mayor importancia a los roles del emisor y mensaje por sobre la pasividad del receptor.
Ellos, dejaron de lado las relaciones humanas, el contexto social y la cultura en general para basarse en la técnica, la ingeniería, la electrónica y las poderosas empresas, dueñas de los medios, a partir de los cuales concibieron a la comunicación.
Teóricos latinoamericanos pronto cuestionaron el modelo: emisor – mensaje - receptor no por falso, sino porque en éste el receptor sólo es quien escucha y testifica que realmente ha escuchado el mensaje, sin participar activamente en la comunicación, sin dialogar con el emisor. Por lo tanto, esta es una comunicación unilateral o, más bien, solamente información. Siendo así, los mass media (medios masivos) para algunos teóricos latinoamericanos se ubican dentro de los medios de información y no de comunicación propiamente dicha.
Los estudiosos latinoamericanos propugnaron que la comunicación es aquella que se da como una forma de relación comunitaria humana, que se encuentra entre interlocutores en forma recíproca. Comunicar es compartir en un encuentro, en una participación, en una elaboración del conocimiento con los otros y de los otros, como sostiene Vygotski, según García.
Informar, en cambio, corre el riesgo de proporcionar solamente conocimientos actuales sobre los temas que se requieren desde una racionalidad pedagógica que Freire ya impugnó como “educación bancaria” solo que ahora en su moderna modalidad de “cajero automático”, reafirma la investigadora en mención.
Sin embargo, ella nos dice que esto último también es controversial, según opinión de J.R. Vidal, aunque es cierto que muchos autores así lo expresan: la transmisión de información no es un proceso independiente de la comunicación, es justamente el recurso básico de la comunicación, lo que sucede es que la comunicación no se agota en su momento transmisivo, sino que a partir de la transmisión se inicia un proceso de evocación de representaciones y construcción de sentidos que la enriquecen y hacen más compleja.
Por lo tanto, también es reduccionista decir que sólo hay comunicación cuando hay bidireccionalidad, lo cual sería reducir la comunicación sólo al diálogo y este es nada más que un tipo de comunicación posible, necesaria y aconsejable en las relaciones cercanas, pero no en relaciones alejadas, donde en definitiva se requiere el uso de la transmisión de la información, de señales, de datos, tal cual vemos a diario cuando usamos las Tecnologías de Información y Comunicación.
Conceptos y tipos de Comunicación para el Desarrollo
La Comunicación para el Desarrollo alude al tipo de comunicación que debe estar intencionalmente dirigida y sistemáticamente planificada a la consecución de cambios concretos en la sociedad, en las instituciones y los individuos. Cuando la comunicación está ligada al desarrollo, nos dice Rosa María Alfaro (1993), lo hace no sólo como aporte auxiliar y metodológico, sino como objeto mismo de transformación de la sociedad, constituyéndose, por lo tanto, en medio y fin.
El boliviano Luís Ramiro Beltrán (1993) clasifica las experiencias de comunicación y desarrollo en:
i) Comunicación de Desarrollo, noción de que los medios de comunicación tienen la capacidad de crear una atmósfera pública favorable al cambio, considerada indispensable para la modernización de sociedades por medio del crecimiento económico;
ii) Comunicación de Apoyo al Desarrollo, noción de que la comunicación planificada y organizada, masiva o no, es un instrumento clave para el logro de las metas prácticas de instituciones y proyectos específicos que buscan el desarrollo; y,
iii) Comunicación Alternativa para el Desarrollo Democrático, noción de que al expandir y equilibrar el acceso y la participación de la gente en el proceso de comunicación, masiva o interpersonal, el desarrollo debe asegurar además de beneficios materiales, justicia, libertad y gobierno de la mayoría.
A esta tipología su compatriota Adalid Contreras añade:
Comunicación-Desarrollo o Comunicación con Desarrollo, cuando la comunicación se enriquece con los estudios de recepción y consumo cultural, diseñando un paradigma que valora las mediaciones en la apropiación y uso de mensajes desde la complejidad de las culturas.
Para la FAO (2008) la Comunicación para el Desarrollo es el diseño sistemático y el uso de actividades de participación, enfoques de comunicación, métodos y medios para compartir información y conocimiento entre todos los socios en un proceso de desarrollo rural, para asegurar el entendimiento mutuo y el consenso que lleva a la acción. Tiene como fin facilitar la participación de la población en todos los niveles del proceso de desarrollo, para identificar e implementar políticas apropiadas, programas y tecnologías para prevenir y reducir la pobreza con el fin de mejorar las estrategias de vida de la población, de una manera sostenible.
En este modelo de Comunicación para el Desarrollo, la designación tradicional de receptor y fuente han sido cambiadas por Tomador de decisión A y 1.
A es la primera letra del alfabeto mientras que 1 es el primer número arábigo. De esta forma ideal, no aparece un elemento dominador como ha sido el caso en los primeros modelos de comunicación.
Se reconoce que los dos tomadores de decisión no comparten las mismas destrezas de comunicación y como resultado el C (comunicador) en este modelo, se toma como el facilitador que interactúa con cada tomador de decisión dentro de su propio marco de referencia. El facilitador traduce las palabras, expresiones y acciones de un tomador de decisión (la x pequeña) en el lenguaje (la x grande) comprensible para el otro tomador de decisión, para crear un mutuo entendimiento que lleva a una toma de decisiones conjunta y exitosa.
(*) Licenciado en Ciencias de la Comunicación, y especialista en Comunicación para el Desarrollo.
Ha implementado estrategias y modelos en comunicación en sectores relacionados con agricultura, gestión local concertada, ordenamiento territorial y responsabilidad social corporativa.
vlasedano@yahoo.es, Cel. 988589128, RPM #988489128
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Cómo comunicarse mejor con las comunidades.flv
Serie de videos sobre Comunicación para el Desarrollo, en esta ocasión el especialista en Comunicación y Desarrollo, Licenciado Vladimir Sedano, analiza el uso inadecuado del modelo de comunicación tradicional en la comunicación de las empresas extractivas que no ayudan a la comprensión de sus mensajes.
(Ver video) http://www.youtube.com/watch?v=kSqfCXf2Gog
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